Te enamoraste otra vez

Y entonces ya no hay vuelta atrás.

Es inevitable que tus pensamientos estén llenos de su cara, de como habla, como se mueve, como te mira a los ojos. Allí, en ese instante en el que pierdes todo el control de tu cuerpo y mente, es cuando te das cuenta que te acabas de lanzar a un vacío profundo, tan profundo como el mar, o tan infinito como el universo, esperando a que te atrape quien tanto deseas que te atrape.

Me puse de romántica, el clima, el día y la hora lo ameritan. Son las 6:15, esta hora suele ser mi hora de melancolía o extremo romanticismo. Vámonos por la segunda.

Te enamoraste otra vez, cuando creías que nunca más te ibas a volver a enamorar, simple  y sencillo…porque en ese preciso momento de tu vida se cruzo por delante esa persona que te iba a revolcar el mundo y te iba a hacer abrir los ojos. Te iba a mostrar la realidad desde otra perspectiva y te iba a potencializar como un cohete que va a la luna. Porque nos acostumbramos y todo lo volvemos un paisaje, hasta que ese paisaje está a cargo de un sin fin de manchas de pintura que lo vuelven diferente de día y de noche.

 

Esto que lees no tiene mucho sentido o coherencia, algunos párrafos hablan por si solos, otros se conectan entre sí y funcionan.

 

Te enamoraste otra vez porque existe una pequeña playlist en tu cabeza que te transporta inmediatamente a un par de momentos que te ponen el corazón a latir a mil por hora. Ese beso que duró una noche entera o 20 segundos, un par de pasos de baile a solas en medio de luces de colores y oscuridad, que te hacían elevarte sobre el suelo. Dos, cuatro, seis, ocho, diez cervezas y 700 palabras que terminaban en silencios y ojos mirándose fijamente.

Te enamoraste otra vez porque de pronto nada más importaba en tu vida, nada más que sentir que tu corazón en serio estaba vivo y latía de verdad.

Te enamoraste otra vez porque de pronto sentiste la necesidad de su presencia a las 7:00am pero también a las 11:00pm, sus historias extrañas. Sentiste la necesidad de querer arreglar todos sus problemas y corazones rotos. Sentiste la necesidad de escaparte y llenar el alma de momentos que solo se comparten con alguien más.

Te enamoraste porque te sentiste infinito e intangible, te sentiste volando. Te sentiste eterno en medio de las ganas de cerrar los ojos y vivir.

Te enamoraste porque sentiste ese vacío tan extraño entre el corazón y el estómago que te calienta las mejillas y te profundiza los ojos, te saca una leve sonrisa y te dan ganas de salir corriendo y gritárselo al mundo.

 

 

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