Adicta a los dramas ajenos By Chloe

Me declaro abiertamente obsesionada con los chismes y los dramas ajenos. Me encanta que me cuenten cosas de otras personas, eventos sorprendentes, situaciones inesperadas, ya sean buenos o malos. Es divertido uno darse cuenta de cosas, y me encanta más cuando son varias versiones de una sola historia, para uno enlazar y crear su propia interpretación del asunto. Me encanta, me muero de la risa. Es de esas cosas que te hacen el día, porque es bueno el drama, siempre y cuando sea ajeno.

Digo ajeno porque a mí no me gusta cambiar mi vida equilibrada y feliz, por una llena de chismes y descontrol, así como la de Serena Van Der Woodsen en Gossip Girl. Ella es la reina de la vida loca y desordenada. Y aunque siempre me identifiqué con Blair Waldorf, tampoco quiero tanto chisme en mi día a día. La mejor manera de pasar la vida llena de drama es a punta de chismes. No te pasan a ti, pero te encantan, te emocionan, te hacen sentir desde felicidad hasta indignación. Claro que cuando eres una chica bonita y que llama la atención, siempre harán chismes sobre ti, pero citando a Salvador Dalí: Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen.

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Yo digo que los chismes son como ese elixir de la vida que te permite ver los días distintos uno a la vez… Y como dice mi padre: “esa es la clave de un buen historiador, y un buen escritor” cosa que me apasiona. Siempre he querido ser escritora y esta serie de publicaciones son prueba de ello. Pero bueno, me estoy desviando.

Cada chisme es una historia, o muchas, siempre y cuando se pueda tomar la perspectiva de las diferentes partes. Son esa historia pequeña que saca lo peor de ti: el morbo. Considero que no siempre es malo, solo por el hecho de que el chisme fresco y jugoso es de lo mejor. No hay cosa más placentera que escuchar: “Vea pues, esto fue lo que pasó…” y se viene toda la avalancha y tú solo le respondes a tu interlocutor con los ojos bien abiertos y la boca, tapada por las manos, pronuncia, de manera casi inaudible “¿y entonces?”. De ahí en adelante, todo es risas o caras largas, depende de la persona y el chisme. Cuando acaban, por lógica y casi que mecánicamente, dices: “No te lo puedo creer, no lo voy a superar”. Cuando hayan pasado horas, reafirmas lo siguiente: “En serio que no lo supero”, porque no lo nieguen, el chisme nunca se olvida. Estoy segura de que hay una carpeta en el cerebro dedicada única y exclusivamente para archivar chismes.

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Bueno, queridos lectores fieles, esta fue una pequeña confesión. Me encanta desahogarme por medio de la escritura, es lo más bonito. Al fin y al cabo, confesar que me gustan los chismes no le hace daño a nadie, pero obvio hablarán y seguro crearán chismes sobre eso. No importa que empiecen a criticar, de igual manera lo escribí por mi propia voluntad. Pero aquí les dejo un chisme: seguiré y seguiré escribiendo en este blog, cada semana siempre y cuando sea posible, pero sepan que será lo que a mí me dé la gana.

(El último comentario le caerá a todos aquellos a los que les afecta que yo escriba).

 

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