CON LA FALDA BIEN PUESTA. #UPBENFALDA por Camilo Serna

Antes de empezar de lleno a hablar de lo que pasó el día de ayer vamos a contextualizar un
poquito. El día 30 de Enero, la UPB, una importante universidad de Medellín, publicó en el blog de
su sitio web un post titulado “¿Cómo vestirse para ir a la universidad?” en donde por medio de
varios apuntes sugería que ellas (las estudiantes) usaran ropa menos provocativa para no distraer
la atención de sus compañeros o profesores. Textualmente chiquis, la anotación que más me
indignó (porque todas lo lograron) decía así:
“Trata de usar ropa discreta, no hay nada más incómodo que distraer la atención de tus
compañeros de clase y profesores, para eso te sugerimos evitar utilizar escotes profundos, faldas
cortas o ropa muy ajustada”.
Días después de esta publicación sucedió algo en la universidad, que aunque siendo eventos
aislados todo sumó para decir No Más. La semana pasada había un grupo de chicas en uno de sus
pasillos hablando, una de ellas llevaba falda. Mientras conversaban, se acercó un chico por su
espalda, tomó el orillo de su falda y se la levanto, por lo menos durante 4 segundos mientras ella
hacia resistencia. Viendo que no lograba nada decidió tirarse al suelo para que la fuerza de
gravedad la ayudara a frenar con esta humillación. No fue necesario que yo estuviera ahí porque
alguien más había grabado todo y lo había publicado en internet.
El post fue enviado a todos los correos institucionales como sugerencia de lectura por parte de la
universidad. Y lo lograron, porque tod@s lo leímos, y lo leímos muy bien. Luego de haber
entendido perfectamente lo que decía este decálogo, la indignación entre las estudiantes (para las
cuales estaban dirigidas todas las sugerencias) no se hizo esperar y pronto, unid@s, porque a los
hombres también nos pareció ridículo, comenzamos a difundir una noción de insatisfacción a
través del hashtag #UPBenfalda y gracias a la brillante idea de una de ellas, movilizar e invitar a
todos los estudiantes, mujeres y hombres, para que fueran a la universidad el día de hoy con
faldas y escotes.
En la mañana del día jueves 8 de febrero, la universidad se pronuncia diciendo que “aclara que la
motivación del texto se dio por dar unas recomendaciones generales sobre la comodidad en el
ambiente universitario. La Upb no pretende condicionar algún código vestimentario para sus
estudiantes (…) Ofrecemos disculpas si en algún momento el texto afectó a alguien por la
interpretación que se le diera”.
Y aun pidiendo disculpas, la universidad no “entendió” cuál era el problema. Yo estudié en la UPB
durante 16 años, hice toda mi primaria, mi bachillerato y soy diseñador de vestuario egresado de
allá y esto que hicieron con el post no es la primera vez que lo hacen, porque así mismo fue como

en el 2009 con una valla gigante en uno de sus bloques, bajo el copy “No te dejes echar el cuento”
y pretendiendo guiar los hábitos de sus estudiantes, entre Magia Negra y Alcoholismo también
ponían el ejemplo de Homosexualismo y Lesbianismo; es decir “No te dejes echar el cuento (del
Homosexualismo)” argumentado como “ni todo el mundo lo hace, ni todo es normal, ni todo se
pone de moda”.
Y si tomamos el claro ejemplo de la chica a la que le levantaron la falda: el problema no son las
faldas, ni los escotes, ni la ropa, ni mucho menos la culpa fue de ella. La culpa fue de Él/ellos (del
pensamiento patriarcal) al creer que puede acceder a las mujeres cuando y como quiera, y la
indignación no fue porque estuvieran “sugiriendo” códigos vestimentarios o condicionando las
identidades. La indignación colectiva se gestó por un post que justificaba este tipo de hechos, que
hablaba de que la culpa es de la mujer, culpándola a ella, le dieron la razón al machismo
(nuevamente) al ”sugerirles” a ellas que cambiaran y no a ellos que respetaran.
Esto, una vez más, es el reflejo de algo muchísimo más profundo y más grande. Es el espejo de un
problema se sucede todos los días en la cotidianidad. Es sobre la estructura patriarcal y machista
sostenida por esa idea heredada de las religiones en donde “la mujer es el ser más oscuro y es la
culpable de todo lo que le pasa”, es sobre la misoginia, sobre como las mujeres “son las culpables
de ser objetos de deseo para los hombres”, como ellas mismas “son las responsables de
cosificarse” y ser “algo” que los hombres “pueden tomar cuando quieran y como quieran”. Es
sobre, como lo decía Vanessa Rossales en su live de Instagram, se moraliza la ropa, se adecua
desde la moral que define la mirada masculina patriarcal.
Vanessa además citaba a la gran pensadora feminista Chimamanda Ngozi Adichie (la misma que ha
escrito infinidad de textos sobre feminismo y que además hace el featuring con Beyoncé para
FLAWLESS) en donde hablando de uno de sus libros exponía como la ropa no tiene nada que ver
con la moral y que si había algo que dejar de relacionar era el aspecto físico o las elecciones
estéticas con los moralismos.
Un ejemplo claro de esto es el slut shaming y todos esos juicios de lo “correcto o incorrecto” de lo
“malo o lo bueno”, de lo que “debe ser y lo que no” sobre como vemos al otro de acuerdo a la
cantidad de piel que esté mostrando. Y unas de las grandes frases que “efervesció” de todo esto y
nos llegó, hacía alusión a que la cantidad de ropa que usa alguien no determina el poco o mucho
respeto que se merece.
Un hashtag que nos movilizó, que nos sacudió, a quienes estudian y estudiamos en algún
momento en esta universidad y a muchas otras personas que se pararon a decir no más. Un
hashtag que nos ayudó a entender una de las grandes nociones teóricas que planteo en su
momento el artista Frederick Hundertwasser quien postulaba que el cuerpo es el primer territorio
del ser y que el vestuario es la segunda piel que habita. La ropa es la manera en la que todos nos
apropiamos de nuestros cuerpos y decidimos por nosotros mismos, porque es nuestro territorio y
somos los únicos soberanos en él y decidir cómo lo adorno o como lo intervengo no tiene por qué
estar permeado por ningún tipo de juicio moral.

Chiquis, amé lo que generó ese hashtag. ¿Si ven lo que pasa cuando nos unimos? Nos hacemos
escuchar, pusimos a hablar a muchos medios de comunicación del país, a figuras importantes,
transformamos la “indignación pasiva” que normalmente no sale de redes a movilizarse a la
universidad con todas esas chicas y esos chicos de faldas, shorts y vestidos. Nos movilizamos por
dentro y como apuntó también Vanessa Rossales fue la oportunidad para revisar ese machismo
interiorizado por la cultura que tenemos.
Estamos en un momento donde habrá que movilizar lo que tenga que movilizarse, para que
hablemos en igualdad. Porque hombres y mujeres nos cansamos, y el machismo no se va a seguir
excusando o lavando las manos con nosotros. No más.

 

homofobia

Foto tomada en el 2009.

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