UNA #GIRLBOSS EN ARQUITECTURA By Chloe

Ser una #GirlBoss en mi carrera es todo un desafío. Cuando estudias arquitectura, según dicen, “no tienes tiempo para nada”… Vengo a desmentir esa frase, porque soy estudiante de arquitectura y me considero un #GirlBoss. A lo que me refiero es a que los estudiantes de esta carrera parecen zombies, algunos ni se bañan por amanecer en la universidad, terminan la entrega cinco minutos antes de que los profesores cierren el salón y siempre, SIEMPRE, se ven mal.

 

Ese no es mi estilo, yo cuido mi apariencia y me siento bien conmigo misma, además de que siempre, para verme y sentirme como una diva, tengo la entrega perfecta en el momento en el que pongo un pie en la U -por lo general, dos o tres horas antes de la entrega-. Así me ha funcionado durante cinco semestres, y no duden en que así seguiré incluso en futuros más lejanos. Ser una #GirlBoss en esta carrera se traduce en poder responder por las demás materias, llegar vestida y maquillada a la perfección, pasar todo el fin de semana sin hacer Taller*, compartir con tu novio y familia todo lo que quieras, no preocuparte para que no te salga acné y, obviamente, tener la entrega completa todos los martes a las dos de la tarde.

 

Estarán locos los que juren que Zaha Hadid no cuidaba de su apariencia, porque todas en algún momento, necesitamos que los demás nos vean como mujeres poderosas, que se note que son competentes y que resalten en medio de la masa de zombies de la facultad. Nuestra tan amada Zaha era toda una diva, ícono de moda, e incluso diseñó joyas, zapatos y colaboró con grandes marcas a nivel mundial.

 

Nadie niega que resalto, pero a muchas les molesta. Por obvias razones, no le caigo bien a mis demás compañeras de Taller, eso es claro. Ellas no conciben que alguien pueda estar así de perfecta, que solo trasnochó unas pocas horas y que no dedicó todo el fin de semana a los deberes universitarios. Mis compañeros hombres piensan que soy una niña superficial, que pierdo el tiempo y que gano “por chiripa”, pero es grandioso demostrarles a todos, con notas finales, que si puedo estar perfecta y ganar como cualquiera de ellos, que pierden sus vidas y sacrifican su felicidad por una miserable nota.

 

Aún no he revelado mi secreto. Mis compañeros dicen que “es el secreto mejor guardado de la facultad”. Sin embargo, ellos están engañados, porque creo que ni siquiera yo misma he encontrado la fórmula que utilizo para ser una mujer puntual, “tesa”, inteligente, que quiere demostrar que es fuerte, que quiere mantener su apariencia sin descuidar los deberes, pero que por encima de todo, prioriza su felicidad. Aun así, soy toda una #GirlBoss estudiando arquitectura.

 

*Taller: Dícese de aquella materia de seis créditos, y diez horas a la semana, que te hace sufrir, llorar y dudar de tu elección de carrera. Cuenta con mínimo tres profesores, que hacen todo lo posible para hacer tu vida imposible, y su objetivo es que no hagas nada que no sea diseñar el proyecto del semestre.

 

By Chloe

2 Comments

  1. Hppp quiero saber el secreto! ¿Será que lo contás en un próximo artículo?

  2. Hola Valentina.

    No voy a poner mi nombre acá porque quiero que, si lo leés, juzgués lo que te escribo por lo que es, y no por quien lo escribe. No sé si vayás a leer y honestamente poco me importa, lo hago como un ejercicio algo personal.

    Personalmente no tengo nada en contra tuya, y si bien tu artículo no me ofende a nivel personal sí quiero hacer un par de comentarios sobre lo que acabo de leer. Comentarios porque creo que sos capaz de manejar una crítica, y no te vas a poner a escribir ‘#anónimo’ en los tableros del taller ni nada por el estilo.

    Primero lo primero, me parece genial que tengás autoestima y la confianza suficiente para saber que antes que ser arquitecta sos persona, cualidades que creo que a muchos de nosotros en el grupo de, ehm, taller, nos hacen falta. Por ese lado más que envidia te tengo admiración, y espero encontrar mi propio balance en algún momento. También me parece muy bueno que escribás acerca de tu experiencia, y me gusta cómo escribís. Como dicen por ahí, todo hay que decirlo.

    Habiendo chequeado eso, pasemos a la crítica como tal.

    Para ponerlo en una sola frase: me parece que estás siendo bastante arrogante, falta de empatía y respeto con muchos de nosotros, y tenés una idea completamente equivocada de por qué hay gente con la que chocás allá. No sé si te importe mucho, pero quería decírtelo de todas maneras.

    Ahora, si en este punto todavía seguís leyendo voy a elaborar lo que te estoy diciendo. No te voy a negar que seguramente hay personas que en la facultad que encajan en tu descripción de ‘zombies’, que ‘a veces ni se bañan por amanecer en la universidad’, que ‘entregan cinco minutos antes de que los profesores cierren el salón’ y que ‘siempre, SIEMPRE, se ven mal’.

    Lo que sí te voy a negar es que sea correcto ponerte a hacer esa clase de generalizaciones. Te voy a negar que tengás la autoridad moral para venir y juzgar a un grupo de alrededor de seiscientas personas como una ‘masa de zombies’ simplemente por sentirte vos como una ‘diva’, y también te voy a negar que vengás a hablar de las vidas y felicidades de las personas que te rodean como si leyeras mentes. El problema con hacer esa clase de acusaciones, Valentina, es que vos no tenés idea de qué diablos será lo que está pasando por la cabeza de cada una de esas personas.

    ¿Se te ha ocurrido acaso que hay personas que necesitan el promedio? ¿O que hay personas apasionadas por lo que hacen y consideran que vale la pena hacerlo? ¿O que tendrán sus razones para organizar su tiempo como lo hacen y no es tu problema? ¿Se te ha ocurrido que cada uno de esos ‘zombies’ que al parecer nos considerás al resto tenemos una vida y una personalidad exactamente igual de compleja y rica como la tuya, cada uno con habilidades, deseos y prioridades tan válidas como las tuyas?

    A juzgar por lo que escribís pareciera que no. Me imagino (y espero) que lo que te estoy diciendo no sea cierto, pero es la impresión que puede dar al leer tu texto. Si ya lo sabías y no tenés problema, pues vos verás. Pero si no, ojo con eso.

    Otra cosa que me llamó la atención: que hablás de verse mal como si fuera una de las diez plagas de egipto, como si fuera una enfermedad terminal, o como si automáticamente hiciera a alguien menos persona. De nuevo, vos verás cómo cuidás de tu persona y eso no tiene nada de malo, pero… creer que ‘verse bien’ es sinónimo o requisito para el éxito, o indicativo del valor de una persona, o que una mujer debe verse bien para mostrar su capacidad, fortaleza y ‘feminidad’, es… un poquito la definición de ‘superficial’. Además no es muy feminista que digamos: una mujer no debería tener que ajustarse a ningún estándar de belleza para validar sus méritos.

    ¿Seguís leyendo? ¿Sí? Bien. Lo último de lo que te quería hablar es de todo este asunto de ‘la envidia es el arma de los incapaces’ y esa clase de cosas. Mirá, como te dije al principio no me caés mal ni mucho menos, pero sí me parece que estás un poco desubicada con eso. Pero asumir que las personas a las que sí les caés mal son así porque te tienen envidia es un poco – ¿cómo lo digo sin que suene horrible? – convencido de tu parte. El mundo es un lugar muy grande Valentina, y la gente normalmente no le presta tanta atención a uno como uno cree. Si alguien no te quiere seguramente tiene otras razones. La vida es más auténtica y menos tensa cuando uno no depende del ‘que hablen bien, que hablen mal, pero que hablen’.

    Si llegaste hasta acá abajo qué bien, espero que tomés lo que te sirva y descartés lo que no, finalmente yo también escribo con base en un artículo y no sé aplica o no a Valentina.

    Saludos.

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